Translate

martes, 27 de septiembre de 2016

Toma 2

Has sido, eres y tal vez seguirás siendo motivo de inspiración para mi y para estos escritos.
Nuevamente apareciste en mi vida. Cómo iba a ser de otra forma si nunca te has ido realmente? Has tenido ausencias, pero nunca me he quedado sin ti del todo. Nunca lo permitiste. Incluso en los peores momentos, nunca dejaste de escribirme, siempre estando presente. Poco importó que no tuvieras nada que decirme, ni yo nada que decirte.
Claro que te quise siempre. Incluso cuando me decía que ya no era así.
Y como no es justo que documente únicamente cuando más triste estoy (incluso si es cuando más inspirada me encuentro), tengo que registrar también esta sensación de felicidad inmensa, irreal!.

Que cómo llegamos a esto? Bueno, con gusto lo rememoraré.
Hasta donde habíamos acordado, tú y yo llevábamos meses separados. Terminamos en febrero y la última vez que estuvimos juntos fue en marzo, justo antes de partir a Toulouse, al sur de Francia. Creí que ahora sí sería el adiós definitivo. Por fin podríamos poner punto final a lo que hubo, después de todo estaríamos de extremo a extremo, tú en París y yo en Toulouse. Y así fue por unos meses. Casi cortamos comunicación del todo.
Tu frialdad y actitud de imbécil ayudó bastante. Casi no pensaba en ti. Conseguí vivir mi día a día sin tenerte casi presente. Incluso me planteé iniciar una relación con alguien más. Sabía que aún no era buen momento porque para saber si de verdad podría seguir adelante, tenía que verte. Siempre cambiaba todo tan solo con vernos.
Así que llegó el final de mayo y no sé qué pasó, de pronto cambiaste tu actitud de nuevo. Volviste a ser ese chico del que me enamoré. Dejaste de lado la frialdad y tu actitud tan fea. Intenté que no me afectara, intenté no darle paso a la esperanza, intenté mantenerme firme. Lo logré por semanas, hasta que, el chico con el que pretendía inclinar algo y tu, se conocieron. Eso me alteró un poco. No sabía qué pensar, porque se llevaron muy bien, se agradaron de inmediato. Fue confuso. Él me habló de ti, de lo que vio, y saber eso de él, me confundió demasiado. El creía que debíamos estar juntos... verás por qué me confundí. Yo estaba aún en mi postura de negación. Ya me habías hecho daño, y no podría confiar en ti de nuevo. Así que le dije que no pasaría. Pero claro, aún no te veía. Pocos días después se presentó la oportunidad de ir a París. Tu estabas al tanto, por supuesto. Y claro que me ofreciste hospedaje, así que ya todo estaba en camino a complicarse o resolverse.
No fue fácil llegar a París y como los viejos tiempos, me ayudaste muchísimo, me gustó mucho sentir que podía volver a contar contigo...
Finalmente llegué a la estación de tren, ya estabas ahí... mientras estaba en la fila para comprar el ticket de metro de repente te escuché llamarme. Me giré y ahí estabas, tan diferente por tu vestuario de trabajo. Pero tu mirada... lo que pasó ahí fue reflejo de lo que pasaba en la mía... Reconocimiento, sorpresa, cariño, control...Continuamos, íbamos a reunirnos con Esbe. Intentamos llevar todo normal. Fuimos a dejar nuestras cosas a tu casa. Fuimos al concierto, regresamos a tu casa muertos de cansancio. Me bañé y para cuando salí Esbe ya estaba dormida en la cama de repuesto, por lo que no quedaba de otra más que dormir contigo sin hacer tanto escándalo. No era la primera vez que dormiamos sin estar juntos ya. Así que dormimos juntos, tu abrazándome como siempre... aunque fue incómodo y batallé para conciliar el sueño. Esos días intentamos estar separados. Pero yo sabía que seguías sintiendo lo mismo que antes. Igual yo, pero intentaba dejar eso de lado. Pusiste tu música, canciones que me dedicaste en aquel entonces y yo intenté ignorar todo.
No hubo momentos de peligro. Los evitamos, tú por tu cuenta y yo por la mía con Esbe y Mau, sólo coincidimos casi al momento de dormir. Después tuve que irme. Fueron solo dos noches. Y fue todo. El último momento juntos vimos una película. Pensé que te me insinuarías, pero te portaste a la altura. Cuando me acompañaste para finalmente partir, sentí todo de nuevo, aquella vieja química. Todo seguía vivo, tal vez más que antes. No pasó nada. Me fui. Y seguí con la idea de dejarte atrás.
Pocos días después, tras haber vuelto tu a ver a aquel chico, me dijo que me seguías queriendo, que se lo habías dicho a su mamá. Yo ya lo sabía, pero intenté seguir con lo pensado.
Después, algo definitivo pasó... hablamos y planeamos pasar mi cumpleaños en París, contigo... lo estuvimos planeando por casi una semana, hasta que finalmente partí hacia allá. Iba feliz, pero aún evitando las esperanzas. De pronto te vi. Abajo, en el andén del tren, esperando por mi. Subiste a ayudarme con mi maleta. Había electricidad en el ambiente.
Me sentía nerviosa, expectante... pero contenta. Llegamos a tu edificio. El elevador se cerró, y me besaste... otro de los besos memorables.
El segundo primer beso...
Pronto se convirtió en ternura en lugar de pasión. Yo aún no te permitía entrar de nuevo, pero participé, seguí tu camino sin descifrar ni buscarle significado.
Fue un buen cumpleaños, me abrazabas y te comportabas dulce como cuando estábamos juntos
Me preparaste la cena, amo cómo cocinas. Cenamos, fue hermoso e íntimo.
Está de más decir que lo disfruté. Fueron un par de días muy buenos. El martes por la mañana dices que te confesé entre sueños que te amaba. Creo que sí pude haberlo dicho.
Pero al final tenía que irme, tenía que encontrarme con el otro chico, tenía que seguir con mi vida después de que me confesaste que habías regresado con tu ex novia. Ya no me sorprendió en ese punto, tampoco me lastimaste. Ya lo habías hecho varias veces antes. Y ni aún así había conseguido superarte... Pero justo esa mañana antes de irme, estuvo llena de confesiones y locas decisiones que pudieron cambiar por completo nuestras vidas. Fue el punto definitivo que marcaba la decisión de querer estar juntos.
Pero aún así me fui, porque ya estaba decidido también y tus celos me emocionaron mucho, tengo que admitirlo. Reconocías así que querías ser tu el que estuviera a mi lado, nadie más.
Así que después de tres días, regresé contigo. Y entonces todo cambió.
Ella se enteró que nos habíamos visto de nuevo y tu no pudiste negarlo. Ella supo el por qué de tu cambio de actitud. Y te dejó.
Estuve acompañándote en esas primeras horas difíciles, donde tenías que procesar lo perdido. Te sostuve. Con gusto lo hice. Y volvimos a vernos. Ya estabas más tranquilo. Fueron unas horas porque yo partía de viaje. El último viaje antes de volver a México.
Días después tú me alcanzaste, y empezamos por fin nuestra historia juntos. Esta vez sin remordimientos ni sentimientos de culpa que te llevaran a dudar de tus acciones.
14 de julio del 2016. Fue el día que nos encontramos en Marseille, para partir juntos hacia Italia.
Fueron solo 4 días, pero juntos fue maravilloso.
Justo antes de volar de regreso a México, la noche antes hablamos y decidimos traer y continuar nuestra historia acá en nuestro país, nuestra realidad.
No ha sido fácil, vaya que no. Pero te tengo conmigo, aún a la distancia. Planeamos vivir juntos un tiempo, pero no ha resultado muy bien eso. Mi familia no lo ve como nosotros, claro.
Aún así, seguimos con la certeza de estar en el lugar indicado, con la persona correcta para formar y pensar en un futuro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario